Destacados investigadores han identificado varios riesgos que podrían amenazar la supervivencia de más de una décima parte de la población mundial; estos riesgos se conocen como riesgos catastróficos globales.

Los mismos pueden clasificarse según las siguientes categorías:

  • Riesgos existentes causados por la acción humana. Aquí se incluyen riesgos climáticos y otros riesgos ambientales, y riesgos causados por armas de destrucción masiva (ya sean nucleares, químicas o biológicas). En todos los casos estamos a tiempo de mitigarlos o, preferentemente, eliminarlos.  
  • Riesgos emergentes. Aquí se incluyen riesgos futuros que también resultan de la acción humana, tales como la inteligencia artificial, la nanotecnología y la biotecnología. Estas tecnologías se estudian con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la humanidad. No obstante, somos cada vez más conscientes de los riesgos potenciales asociados con las mismas, lo que significa que deben ser minuciosamente vigiladas.
  • Desastres naturales. El planeta ha sido testigo de asteroides, volcanes gigantes y pandemias que causaron daños catastróficos en la historia de la humanidad. Una de las características de este tipo de riesgo es que son fenómenos que se encuentran fuera de nuestro control. No obstante, la acción humana y la cooperación internacional pueden igualmente reducirlos y/o mitigar sus consecuencias.

La Fundación Global Challenges ha optado por inicialmente concentrar su labor en tres riesgos mundiales de suma importancia que tienen a su vez dos grandes problemas subyacentes.

Los tres riesgos son:

  • Cambio climático. Es el más importante y conocido de los riesgos que podrían amenazar la existencia de toda la humanidad. Con el acuerdo de París de 2015, la mayoría de los jefes de gobierno del mundo se comprometió a mantener el calentamiento mundial en menos de 1,5-2 grados Celsius por encima de los niveles previos a la industrialización. No obstante, no se sabe si este esfuerzo tendrá éxito, especialmente si Estados Unidos se mantiene firme en su decisión de abandonar el acuerdo. Otra preocupación es que ocurran catástrofes climáticas a gran escala incluso si el calentamiento se detiene a los 2 grados.
  • Otro daño ambiental a gran escala. El ecosistema terrestre es la base de toda la vida humana en este planeta. A largo plazo, el uso excesivo de diversos recursos naturales, así como también el daño ambiental a gran escala, representan una amenaza para el suministro de comida y agua, así como para la resiliencia del ecosistema.
  • Violencia por conflictos políticos. Existen muchas formas de violencia política: guerra entre estados, guerra civil, genocidio y limpieza étnica. A lo largo de las últimas décadas ha conllevado además extensas migraciones involuntarias difíciles de manejar. A esto se le suma la amenaza latente del uso de armas de destrucción masiva por parte de ciertos estados…armas nucleares, así como químicas y biológicas.

Los dos problemas subyacentes son:

  • Pobreza extrema. La pobreza extrema no es una amenaza, es una catástrofe continua. Alrededor del 10% de la población mundial actual vive en extrema pobreza, lo que significa que viven con menos de USD 1,90 diarios. Una proporción considerable de los pobres no tiene acceso al agua potable y a cuidados sanitarios básicos. Quizás la consecuencia más trágica sea que alrededor de 16.000 niños menores de cinco años mueren a diario, principalmente por causas que podrían prevenirse.
  • Crecimiento de la población. Según el último pronóstico de las Naciones Unidas, se espera que la población mundial crezca de los aproximadamente 7,5 mil millones actuales a 11,2 mil millones en el año 2100. Este aumento no solo complicará aún más la lucha contra la pobreza, sino que además empeorará en gran medida el resto de los riesgos mundiales, y causaría niveles de migración sin precedentes

Estos cinco desafíos principales están interconectados y se influencian entre sí de manera prejudicial. Esto significa que los estados del mundo deben tomar cartas en el asunto de inmediato. Estos riesgos incluyen las mayores amenazas para la humanidad y, por esa razón, deberían ser una prioridad en la agenda política internacional para garantizar la seguridad de las presentes y futuras generaciones.

Pero esto no sucede en la actualidad. El sistema mundial creado para abordar los problemas globales, en particular las Naciones Unidas y sus organismos subsidiarios, no tiene las herramientas para abordar los grandes problemas globales de manera eficaz e igualitaria. Las acciones que se han decidido y llevado a cabo hasta ahora para abordar los riesgos más importantes han sido inadecuadas. Los riesgos y las amenazas prevalecen y, en muchos casos, han incluso empeorado, a pesar de que los conocemos desde hace décadas. Esto se debe a dos razones principales:

  • Se ha subestimado el alcance de los riesgos y los problemas debido a una concepción errónea y a un análisis inexistente o inadecuado de los riesgos y problemas.
  • El sistema político internacional no se ha adaptado aún a la comunidad global actual.

Subestimar riesgos y desafíos

La Fundación Global Challenges considera que los tres riesgos más gravemente subestimados son el cambio climático, la violencia por conflictos políticos y el crecimiento de la población.

Cambio climático. Es un problema que casi todos reconocemos, pero que aun así se subestima debido, en particular, a las cuatro razones siguientes:

  • Existen umbrales de efecto inherentes al ecosistema terrestre que no se suelen tener en cuenta. Algunos son predecibles, y otros no. Por lo general, los científicos ni siquiera incluyen los riesgos predecibles en sus informes y pronósticos si su probabilidad no puede pronosticarse con una certeza razonable, aunque los umbrales de efecto podrían llegar a ser catastróficos. Un ejemplo de ello podría ser si el permafrost ártico se descongelara y liberara a la atmósfera metano atrapado. En el peor de los casos, esto causaría un ciclo de calentamiento auto reforzado. Como consecuencia, los resultados son por lo general peores de lo que han pronosticado los investigadores. En cuanto a los umbrales de efecto no predecibles, lo único que sabemos es que existen.
  • Por los umbrales de efecto, no podemos estar seguros de evitar desastres climáticos devastadores incluso si hiciéramos todo en nuestro alcance, lo más rápido posible, para detener futuras emisiones de gases invernadero. Ya nos encontramos en una zona de peligro y el riesgo de catástrofes es mayor cada día.
  • La mayoría no toma en serio los riesgos climáticos cuando son de baja probabilidad incluso en el caso de que el daño potencial sea inmenso. Por ejemplo, si logramos estabilizar la concentración de gases invernadero en la atmósfera a un nivel de 450 partes por millón (una suposición optimista), la probabilidad de un aumento de 6 grados en la temperatura es del 1,6%, hecho que resultaría en consecuencias catastróficas para el clima. Una probabilidad de 1,6% (1 en 60) podría parecer insignificante a primera vista. Sin embargo, consideremos la misma probabilidad en otro contexto más familiar como el de la seguridad aérea. ¿Te subirías a un avión si uno de cada sesenta vuelos terminara en accidente?
  • Por último, dado que se espera que los peores efectos adversos del cambio climático ocurran solamente a largo plazo, pocos consideran que sea urgente comenzar a abordarlos. Creen que encontraremos mejores soluciones con el paso del tiempo. Pero sería una verdadera frivolidad arriesgar el futuro de la humanidad con fundamentos tan poco sólidos. De hecho, ya nos encontramos en un nivel de riesgo peligroso, como hemos dicho anteriormente, y todo retraso en la toma de medidas eficaces no hace más que agravar los riesgos.

Violencia por conflictos políticos. Este es el complejo de riesgos más conocido por el público en general. Aun así, se subestima su importancia (e incluso sus efectos colaterales) debido a las siguientes razones:

  • No se han usado armas nucleares desde 1945, lo que a muchos les ha dado una falsa sensación de seguridad. Sin embargo, muchas veces hemos estado al borde de un conflicto nuclear, y en algunos de esos casos nos hemos salvado del desastre de pura suerte. Desde entonces, ha aumentado considerablemente la cantidad de países que poseen armas nucleares. Además, es poco probable que se produzca un desarme nuclear completo mientras Estados Unidos siga siendo completamente dominante en términos de armamento convencional. Mientras las armas nucleares sean la única forma en que los otros estados puedan amenazar a Estados Unidos, la única forma de abolirlas parece ser un desarme global total.
  • Muchos desestiman el hecho de que haya otras armas de destrucción masiva, de producción y desarrollo relativamente simple y barato, como es el caso de las armas biológicas y químicas.
  • Además, existe un efecto psicológico indirecto. El riesgo de sufrir violencia armada de mano de otros estados crea sospecha, temor y odio entre las naciones. Esto empeora las condiciones para lograr consenso y cooperación entre los estados, que se necesitan para controlar eficazmente los desafíos globales compartidos a los que se enfrenta la humanidad.
  • La violencia motivada por conflictos políticos y sus efectos constantemente crea nuevos problemas urgentes que los líderes mundiales deben resolver, acompañados del flujo constante de noticias con titulares de guerras, ataques terroristas, movimientos de refugiados y demás. Esto distrae la atención del público general de los problemas más preocupantes e importantes a largo plazo.
  • En la actualidad, los estados del mundo invierten una cantidad inmensa de recursos humanos y materiales en gastos militares. En 2016 esta suma llegó a USD 1.680 mil millones. Prácticamente todos los estados del mundo afirman querer la paz, pero gastan casi USD 5 mil millones diarios para defenderse unos de otros. A esto se lo ha llamado el despilfarro más grande del mundo. Para dar simplemente un ejemplo, si lográramos el desarme global, una fuerza policial mundial podría garantizar la seguridad de todas las naciones y pueblos por una fracción de esa suma. Los recursos restantes podrían utilizarse para evitar o mitigar riesgos globales, y para encontrar soluciones a otros problemas compartidos.

Rápido crecimiento de la población. Este tema no está ni siquiera en la agenda política a pesar del alarmante pronóstico realizado por las Naciones Unidas. Puede parecer desconcertante si consideramos que los políticos constante y uniformemente profesan su compromiso con los derechos humanos y la igualdad de todos, y si consideramos también el hecho de que los recursos terrestres son insuficientes para brindarle, incluso a la población presente, el nivel de vida occidental actual. Un contrargumento muy común es la esperanza de que el problema se resuelva gracias al progreso continuo de la ciencia y de la tecnología. Sin embargo, es indefendible arriesgar el futuro de la humanidad en una apuesta así.

La razón más probable por la cual los políticos no toman en serio este problema tan importante es que son elegidos con base en su conocimiento e ideas sobre los problemas nacionales actuales y que, en general, no tienen el tiempo, la energía o la motivación para interiorizarse en los problemas mundiales con una perspectiva visionaria que vaya más allá de su mandato actual.

El sistema político no se ha adaptado a la comunidad global actual

La estructura de la comunidad mundial ha sufrido cambios significativos a lo largo del siglo pasado. Nos guste o no, ya no solo formamos parte de una sociedad nacional, sino que también, y cada vez más, de una comunidad internacional globalizada. El efecto más importante de la globalización podría ser que ahora somos mundialmente interdependientes: las acciones y decisiones de todos en todos los países afecta los intereses vitales del resto, sin importar dónde se encuentren. Las emisiones de gases invernadero, por ejemplo, afectan el cambio climático de todo el planeta, sin importar dónde se generen.

En muchos sentidos, nuestra comunidad global está sufriendo los mismos males que normalmente afectan a los países en vías de desarrollo, como la inestabilidad política y las instituciones sociales inadecuadas. Los síntomas revelan claramente que la comunidad global tiene carencias graves en comparación con la mayoría de las sociedades nacionales. Es poco probable que una sociedad nacional desarrollada permitiera que se perpetuara un daño ambiental local letal década tras década. Sin embargo, es lo que está ocurriendo precisamente cuando la comunidad internacional permite que se sigan emitiendo gases de invernadero sin intervenir al respecto. ¿Qué sociedad nacional civilizada permitiría que las disputas se resolvieran por las relaciones de fuerza física y financiera de las partes, en lugar de los tribunales? ¿Y qué sociedad nacional desarrollada dejaría que uno de cada diez de sus habitantes viviera en extrema pobreza, o muera como consecuencia de la extrema pobreza? Sin embargo, nuestra comunidad internacional hace todo esto.

El sistema actual para controlar los riesgos globales se creó en circunstancias muy diferentes después de la segunda guerra mundial. El sistema ya no es apto para abordar los problemas y los riesgos del siglo XXI que pueden afectar a las poblaciones de cualquier lugar del mundo. Por falta de mejores alternativas, los políticos intentan resolver los problemas actuales con las herramientas del pasado: negociaciones multilaterales demasiado influenciadas por los intereses nacionales. Como consecuencia, no se toman las medidas necesarias, o estas se toman demasiado tarde, mientras los riesgos siguen en aumento.

En el sistema actual, los políticos nacionales no se hacen responsables por el bien de toda la humanidad, y no tienen los poderes para tomar e implementar decisiones con el objetivo de resolver los problemas y riesgos globales. Como consecuencia, no existe un liderazgo político en la comunidad internacional que pueda controlar los desafíos globales de manera eficaz y justa en este mundo, con todos sus problemas y su estructura multifacética y fragmentada.

En búsqueda de una solución

Mientras los riesgos catastróficos globales siguen en aumento, el mundo necesita más que nunca un nuevo pensamiento político mundial capaz de controlar los riesgos globales de la actualidad sin importar su tamaño o gravedad.

Para lograrlo en la práctica se necesita lo siguiente:

  • El público y los políticos tienen que comprender mejor los riesgos más importantes para darse cuenta de su verdadero alcance. Esto es un requisito si queremos implementar un cambio fundamental del sistema actual.
  • Necesitamos encontrar un modelo de organismo de gestión internacional, que debe cumplir principalmente con los siguientes dos requisitos:
  1. Debe poder controlar los desafíos y riesgos globales de manera eficaz y equitativa.
  2. Debe ser suficientemente inmune a posibles abusos de poder para que los estados del mundo tengan el valor y la voluntad de hacerlo realidad.

Con esto en mente, en noviembre de 2016 la Fundación Global Challenges lanzó un concurso llamado “Premio Global Challenges 2017: Nuevas Formas” para desafiar a los intelectuales de todo el mundo a formular propuestas de nuevos modelos capaces de controlar los principales riesgos globales de manera más eficaz y equitativa.

Todas las investigaciones científicas apuntan a la conclusión de que las acciones que tomemos durante las próximas décadas serán cruciales para determinar si las amenazas principales resultarán, o no, en catástrofes globales extremas.

Dicho de otra forma, es muy probable que nuestra generación tenga en sus manos el destino de toda la humanidad. Ojalá todavía tengamos la capacidad de determinar las condiciones de vida de nuestros nietos y futuras generaciones. Necesitamos reconocer nuestra responsabilidad para reducir lo más posible la posibilidad de que sufran una catástrofe. Este es uno de los objetivos más importantes de la Fundación Global Challenges.